Esbozo histórico del PRD

FECHA

Saul Vazquez Torres @sawie

El secreto del éxito perredista, durante treinta años fue su capacidad de abanderar la inconformidad con lo establecido. Que un movimiento emanado del PRD como el lopezobradorismo haya llegado al poder llevándose esa insignia es una de las crueles paradojas de la política. Fundado para conquistar la presidencia, el partido se encuentra hoy más lejos de ella que nunca antes

Dos procesos históricos confluyeron para el nacimiento del Partido de la Revolución Democrática el 5 de mayo de 1989. Por una parte, la unificación de las distintas expresiones de la izquierda mexicana en el siglo XX, por otra, la válvula de escape del régimen del partido único en un momento en que el grupo neoliberal desplazó a las élites nacionalistas que construyeron al PRI. No se entiende el uno sin el otro. Sin la lucha histórica de la izquierda mexicana pasando de la organización, respaldo al cardenismo, y posterior prohibición, el PRD no tendría la legitimidad histórica como representante de las distintas causas sociales que resistieron al régimen de partido único en México. Lamentablemente, sin la afluente cardenista del nacionalismo revolucionario que abandonó al PRI, el PRD no habría tenido nunca un caudal de votos que lo volvieran competitivo a nivel nacional.

La apertura del régimen mexicano con la Ley de Reforma Electoral (LOPPE) de 1977, aunada con el distanciamiento del comunismo mexicano del estalinismo tras la represión en Checoslovaquia, así como la deposición de las armas de una muy buena parte de la guerrilla mexicana favorecieron la reconversión del Partido Comunista Mexicano al Partido Socialista Unificado de México (PSUM). Asimismo, producto del registro condicionado, el cual otorgaba la oportunidad de participar a organizaciones sin una estructura clientelar previa y refrendar el registro una vez obtenida la votación mínima,  [FC1] novedad de esta reforma surgieron los llamados partidos satélite de la izquierda mexicana como el Partido del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional (PFCRN) y el Socialista de los Trabajadores (PST), de donde vienen buena parte de los liderazgos actuales del PRD. La otra fuerza partidista de izquierda importante en este periodo fue el Partido Mexicano de los trabajadores (PMT) liderado por Heberto Castillo. No obstante, ninguno de ellos, ni el PSUM, ni el PMT, ni la izquierda satélite (PFCRN, PST, PPS) nunca tuvieron una representación parlamentaria de más del 5% por facción[iii]. Para 1987 lograron confluir en el Partido Mexicano Socialista (PMS) que postuló a Heberto Castillo a la presidencia generando simpatías en núcleos universitarios y agrarios solamente.

Por lo anterior, el catalizador que transformó a las izquierdas de un movimiento marginal a una fuerza capaz de disputar presidencias y gubernaturas fue el rompimiento del llamado Bloque Democrático del PRI encabezado por Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez. Al principio buscaron impulsar la candidatura del primero dentro del PRI, pero luego de la XII Asamblea Nacional reconocieron que era “Imposible seguir inclinando el PRI a la izquierda”[iv] y terminaron por aceptar, primero, la candidatura presidencial de uno de los partidos de la izquierda satélite (PARM) y luego por conformar tras la declinación de Heberto Castillo, el Frente Democrático Nacional (FDN). Tras la derrota de Cárdenas en medio de un ambiente político enrarecido y reclamos de fraude se decidió que el paso a seguir sería publicar el Llamamiento al Pueblo de México que devino en la fundación del PRD. De los partidos del FDN, sólo el PMS atendió al llamado y, eventualmente, incluso cedió su registro partidista al Sol Azteca, ante la incapacidad de éste de juntar las asambleas distritales que eran requisito para crear uno nuevo.

Durante sus 31 años de vida, el PRD ha estado marcado por dos dinámicas. Por un lado,  dependencia de sus caudillos: Cárdenas y López Obrador; y, por otro,  la disputa entre sus famosas corrientes por el poder. La primera, con sus vicios, fue la vía de la disputa de la presidencia y terminó con la salida de AMLO del partido. La segunda, un mecanismo de pluralidad, pero también de corporativización de la participación política, herencia de los sectores priistas. El partido nació y ha vivido en crisis desde su primera elección tras la fundación. Luego de arañar la presidencia en el 88’, en 1991, sólo se obtuvieron el 7% de los votos, lo que provocó un cisma en la fe del ancla cardenista, la salida de los primeros intelectuales como José Woldenberg clamando falta de espacios reales de debate, y el 3º lugar en la elección presidencial de 1994. Estos sucesos llevaron al Tercer Congreso Nacional del partido una discusión sempiterna en el devenir del mismo . Las líneas Gobierno de Salvación Nacional, encabezada por Cárdenas y Transición Pactada, encabezada por Muñoz-Ledo, serían los puntos de partida del constante debate sobre el rol del PRD en la democracia mexicana: ¿Una oposición férrea o un actor más en la mesa de negociación política?

Tras la victoria en el 95’ de la transición pactada, las posiciones reformistas continuaron cosechando victorias al interior del PRD. Luego, en la interna de 1996,  López Obrador ganaría con un avasallador margen la presidencia del partido al cofundador Heberto Castillo, y éste a su vez perdería el partido ante una corriente heredera del PMT, Nueva Izquierda (NI) comandada por Jesús Ortega y Jesús Zambrano 11 años después en la interna de 2007. En el intermedio entre estas dos elecciones el PRD se convirtió en un partido competitivo, ganó las gubernaturas de Baja California Sur, Chiapas, Guerrero, Michoacán, Tlaxcala y Zacatecas. Mientras que las figuras obradoristas ganaban gubernaturas, el control de Nueva Izquierda del partido  permitió que la oposición a nuestros gobiernos estuviese al interior del partido. Esto generó coyunturas favorables para legislaciones progresistas a pesar de la oposición obradorista, pero con un polo de atracción electoral basada en la tradición nacional-revolucionaria. Esta sociedad, exitosa en los gobiernos pero caótica en lo político, acabó con la salida del ahora presidente de la república del PRD en 2012.

 La salida de López Obrador del PRD es un espejo del desplazamiento del liderazgo del Ingeniero Cárdenas una década antes. Ambos, en su caudillismo, se interpretaron como los únicos capaces de redimir el rumbo del país. Empero, los cuadros legislativos, gobernadores y presidentes municipales del partido estaban ávidos de participar de las mesas de negociación con los gobiernos de distintos ámbitos. Así como en 1995, la transición pactada desplazó al gobierno de salvación nacional; en la interna de 2007 con la victoria de Jesús Ortega sobre Alejandro Encinas, el diálogo con el gobierno federal venció a la posición de desconocerlo. Quizás el mayor símbolo de este distanciamiento fue el spot “Te vemos a los ojos” donde el presidente Jesús Ortega; la diputada presidenta de la mesa directiva Ruth Zavaleta; entre otras figuras hablaban de un nuevo espíritu negociador y el ánimo de sentarse a negociar con otros partidos.

Tras el éxodo obradorista,  la posición reformista no ha hecho más que fortalecerse al interior del partido; primero a través de la participación en el Pacto Por México y, luego, a través de la victoria por un tercer periodo consecutivo de NI al frente del PRD en 2014 que provocó la eventual salida de Cuauhtémoc Cárdenas, Alejandro Encinas y Marcelo Ebrard del PRD. El auge (2016) y caída (2018) de las alianzas PAN-PRD llevó al planteamiento de la necesidad de una profunda reforma a la manera en que se hacía política al interior del instituto político y se señaló al sistema de corrientes como el culpable de la crisis. En el XV Congreso Nacional de 2018 las corrientes desaparecieron formalmente del estatuto; sin embargo, se fortalecieron en los hechos como nunca antes había sucedido. Cada una de las corrientes tuvo un integrante de la Dirección Nacional Extraordinaria: Estephany Santiago (Foro Nuevo Sol), Ángel Ávila (Nueva Izquierda), Karen Quiroga (Vanguardia Progresista), Adriana Díaz (Alternativa Democrática Nacional) y Fernando Belaunzarán (Iniciativa Galileos).

A pesar de los esfuerzos, bienintencionados, de sectores del partido de abrirse a la sociedad, tras otro Congreso Nacional, el XVI en 2019, el PRD volvió, en la práctica, a la estructura previa a 2018, con Jesús Zambrano de nuevo en la presidencia. Los órganos actuales del partido, Dirección Nacional Ejecutiva, Consejo Nacional, Congreso Nacional y Direcciones Estatales responden estrictamente a un acuerdo entre las corrientes en función de la afiliación para determinar la cantidad de consejeros. Estos, a su vez, determinan la cantidad de carteras que corresponden en las direcciones de diferente orden, y estas carteras determinan el día a día del partido. Las direcciones estatales y municipales, se encargan sobre todo de las actividades de formación, comunicación y representación del partido ante los órganos análogos en su ámbito, pero el grueso de las decisiones de línea política se toman a nivel nacional. El PRD está modelado como un partido parlamentario donde el Consejo es el órgano ejecutivo del que emana la Dirección Nacional y el Congreso es el poder legislativo del que emanan el programa, línea política, estatutos y política de alianzas.

El Sol Azteca enfrentará 2021 como uno de los tres partidos de la Alianza Va por México, los partidos que alguna vez aglutinaron más de dos terceras partes de la votación en la llamada era de la transición. Estos partidos tendrán el reto de demostrar la valía del complejo y estructurado sistema político mexicano . En particular el PRD tendrá que convencer a un sector del electorado progresista que abandonó las simpatías del partido por seguir al caudillo . Hay una necesidad de un partido que enarbole la agenda de derechos sexuales y reproductivos, equidad económica y social, así como, el medio ambiente. Todo lo anterior es parte fundamental de la declaración de principios del partido, pero está lejos de ser lo primero que viene a la mente cuando se piensa en el PRD. En este crepúsculo de la historia perredista, sólo los votantes podrán decir si tendrá un nuevo amanecer o vivirá la larga noche junto a los partidos que lo antecedieron.

Referencias


[i] Mariano Sánchez-Talanquer. (2020). La política en una época de desgarramiento social. En Izquierda, Democracia y Cambio Social: PRD 1989-2019(13-78). Ciudad de México: Cal y Arena.

[ii] Barry Carr. (1996). La Izquierda Mexicana a través del s. XX. México : Era.

[iii] Saul Vazquez. (2019). Del PMS al PRD: Unidad y Retorno al Origen. Recuperado el 18 de marzo de 2021, de Nexos: Blog de la Redacción Sitio web: https://redaccion.nexos.com.mx/del-pms-al-prd-unidad-y-retorno-al-origen/

[iv] Barr, Op. Cit. pp. 308-309

[v] Ricardo Becerra. (1995). El Tercer Congreso del PRD: La transición con izquierda. Recuperado el 18 de Marzo de 2021, de Nexos Sitio web: https://www.nexos.com.mx/?p=7582

[vi] Jorge-Javier Romero. (2015). Nueva Izquierda: una izquierda sin novedad. Recuperado el 18 de Marzo de 2021, de Horizontal Sitio web: https://horizontal.mx/nueva-izquierda-una-izquierda-sin-novedad/

[vii] Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=TuQonWkdXTc

[viii] Se puede consultar en: https://www.prd.org.mx/documentos/DECLARACION_PRINCIPIOS.pdf

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