El Partido de la Revolución Institucionalizada

FECHA

Adriana Cristina Pineda

El Partido de la Revolución Institucional (PRI), en sus distintas etapas, ha sido actor protagónico de la historia de México a lo largo casi 100 años. Ha sido un agente crucial en el ejercicio de poder, en la construcción creación de instituciones y el forjado de una cultura política que moldeó la conciencia nacional por décadas. Es por lo anterior que para entender el sistema mexicano de partidos y la dinámica política en la que hoy se inscribe el país, resulta indispensable conocer y entender la historia del PRI.

El origen de un partido de Estado

A finales de los años 20 del siglo pasado, tras el asesinato del recién reelecto presidente Álvaro Obregón y en medio de las constantes disputas armadas entre los distintos grupos revolucionarios, fue clara la necesidad de crear un instituto político. Esta organización serviría como difusor de tensiones entre las diversas corrientes revolucionarias y caudillos activos en el país, a fin de consolidar las bases del Estado surgido tras la revolución. Dicho instituto vio la luz en 1929, bajo el nombre de Partido Nacional Revolucionario (PNR).

Tras la conformación del partido y el gobierno emanado de este, nació también una relación simbiótica entre ambos; en la que el partido yació gran parte de su dinámica en función del el Estado y viceversa.

Del partido de masas a la maquinaria electoral

La instauración de un proyecto político nacional en tierras de polvorín fue complejo. No sólo bastó con la celebración de una asamblea constitutiva, sino que, fue necesaria una estrategia para la integración de los diversos grupos políticos alrededor del país que se oponían al partido único. Con este fin, el gobierno descansó en el PNR la tarea de organizar e incluir a los liderazgos y organizaciones locales dentro de su estructura y así evitar la inestabilidad o un posible levantamiento contra el gobierno, males que habían impedido la consolidación del Estado mexicano a lo largo del siglo XIX.

Así, desde su papel como presidente de PNR, Lázaro Cárdenas realizó una serie de acciones para darle unidad al partido e incluir sistemáticamente a las organizaciones que aún no formaban parte del proyecto, pero que tenían poder político y, sobre todo, capacidad de movilización de masas. En primer lugar, cambió el nombre del partido a Partido de la Revolución Mexicana (PRM). Posteriormente, fomentó la incorporación de distintos sectores sociales de la población, sobre todo a los sindicatos y trabajadores del campo, transformando así  al PRM en un partido donde las principales expresiones sociales tuvieran cabida. De esta última estrategia surgieron cuatro grandes sectores: la Confederación de Trabajadores Mexicanos (CTM) –escindida de la CROM y la unificación de varias organizaciones sindicales obreras–, la Confederación Nacional Campesina (CNC) que agrupó y controló al sector agrario y ejidal, el sector militar y la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado (FSTSE), que representaba al sector popular.

A su vez, al partido se le encomendó la tarea de organizar y ejecutar los procesos electorales que garantizarían la continuidad del proyecto revolucionario institucionalizado en el PMR. Esta encomienda trazaría su destino como maquinaria electoral durante más de siete décadas.

El PRI y la reforma de Madrazo

En 1946 se determinó el cambio de nombre de Partido de la Revolución Mexicana a Partido Revolucionario Institucional (PRI), con el fin de dar fuerza a la idea sobre la cual descansaba este nuevo régimen: la creación y fortalecimiento de las instituciones. Durante la presidencia de Manuel Ávila Camacho (1940-1946), el PRI sufrió cambios radicales como la eliminación del sector militar del partido y la creación de un tercer contrapeso a la CNC y CTM: la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP). Quedando así conformados los tres sectores principales del partido que se mantiene hasta la fecha.

Los siguientes años el PRI mantuvo su papel central como maquinaria electoral del Estado, además de encargarse de la resolución de los conflictos de que acontecían en las instancias surgidas al interior de los sectores del partido. De esta forma el gobierno tenía el camino libre y legitimidad interna para realizar sus planes de gobierno.

Bajo este esquema, el partido se mantuvo sin cambios significativos en su estructura hasta la llegada de Carlos A. Madrazo, quien planteó una ambiciosa reforma al partido para romper el sistema de cuotas y generar una militancia activa que diera mayor juego al instituto frente al Estado. Esta reforma fue rechazada por Gustavo Díaz Ordaz, quien como líder del Ejecutivo tenía la última palabra sobre el destino del partido.

La tecnocracia, el quiebre interno y el 2000

Durante los años ochenta una nueva generación de priistas, cuyas características comunes eran la formación profesional en economía y haber cursado estudios de posgrado en el extranjero, se hicieron del poder dejando atrás a los políticos tradicionales. En esta etapa el PRI se alejó de su ideología tradicional, perdiendo su cercanía con la gente, y hubo un importante reacomodo del poder al interior del instituto, lo que significó una merma significativa en su competitividad política y electoral. Evidencia de esto son los comicios de 1988, cuando entidades donde la tecnocracia gobernaba como, Baja California, Estado de México, Sonora, Sinaloa, Chihuahua, Hidalgo y Michoacán, fueron incapaces de conseguir que Salinas de Gortari ganara con ventaja. 

La crisis detonó a su vez un cisma que dio surgimiento a la Corriente Democrática, encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz-Ledo. Este movimiento, al no encontrar punto de negociación con el presidente y el proyecto tecnócrata, tomó la decisión de abandonar el partido y generó una importante fragmentación interna.

Frente a esto, en 1990, el presidente Salinas de Gortari propuso una reforma para modernizar al partido y terminar con el corporativismo, debilitando a los sectores y, en muchos sentidos, rompiendo su compromiso social. Naturalmente, esta propuesta no fue bien recibida y puso en conflicto dos proyectos de partido: el del liberalismo social y el que respondía a sus orígenes revolucionarios.

En el año de 1994, el PRI vivió uno de los momentos más tensos en su historia. El 23 de marzo, durante un acto de campaña en Tijuana, el candidato presidencial Luis Donaldo Colosio fue asesinado, dejando a Ernesto Zedillo como elegido para continuar el proyecto salinista. Meses más tarde, el secretario general del partido, José Francisco Ruiz Massieu también fue privado de la vida tras una reunión en el Hotel Casa Blanca. Ambos asesinatos se vivieron rodeados de especulaciones sobre los autores intelectuales de los mismos, además del qué hubiera sido si ambos políticos hubieran podido ejercer las encomiendas para las que estaban propuestos.

Para el año 2000, a pesar de los esfuerzos para mantener el proyecto político tecnócrata, el PRI perdió la presidencia de la república por primera vez en la historia. La pérdida de poder era previsible. Por un lado, existía un ambiente de conflicto dentro del partido y, por otro, la creación y fortalecimiento de instituciones y reformas abría al país a la democracia en un país donde la ciudadanía necesitaba un cambio político.

Regreso y despedida

Tras dos sexenios panistas y una campaña presidencial compleja debido al movimiento estudiantil denominado YoSoy#132, el PRI regresó a la presidencia bajo el liderazgo de Enrique Peña Nieto y el «nuevo pri»; una apuesta de recuperación el partido de forma moderna y con perfiles más jóvenes. Si bien el regreso al ejecutivo contaba con propuestas ambiciosas como las reformas aprobadas en un ejercicio de apertura democrática y pluralidad como «El Pacto Por México», los escándalos de corrupción por parte de destacados militantes y gobernadores priistas, así como la falta de crecimiento económico y la incapacidad de fortalecer el Estado de derecho le costaron al partido en 2018 la pérdida de la presidencia, además una reducción importante de su poder en la representación a nivel local y federal.

Actualmente el PRI encabeza 11 gubernaturas, tiene 48 diputaciones federales y 11 senadurías en el Congreso federal. Para 2021 se avista una reducción significativa de su presencia política, sobre todo a nivel local. A pesar de lo anterior, el Revolucionario Institucional se mantiene como referente y protagonista en las negociaciones políticas del país. Queda claro, pues, que el PRI no está muerto, como muchas veces se ha querido afirmar; sin embargo, está en una encrucijada que exige la crítica y reinvención, así como el abanderamiento de las causas sociales que las y los mexicanos hoy en día exigen como el respeto a los derechos de las mujeres, mejores condiciones de empleo, el combate a la corrupción, el mejor acceso a la justicia, respeto a los derechos humanos y el apoyo a los migrantes.  

La fuerza del PRI: su estructura.

El PRI está organizado de manera vertical, la dirección del partido recae en primer lugar en la Asamblea Nacional, órgano supremo para la toma de decisiones; seguido por el Consejo Político Nacional, la Comisión, Permanente y finalmente el Comité Ejecutivo Nacional que mantiene la operación constante del partido y coordina a los Comités Directivos Estatales, Municipales y Sectoriales.

La base de integración social del partido recae en los tres sectores: la CTM, CNC y CNOP. Las organizaciones nacionales que promueven la vida interna y de participación del partido están representadas en el Movimiento Territorial (MT), el Organismo Nacional de Mujeres Priistas (ONMPRI), la Red de Jóvenes x México y la Asociación Nacional de la Unidad Revolucionaria; y que a su vez son respaldadas por las diversas organizaciones adherentes. Estas últimas, son organizaciones nacionales o estatales de militantes que simpatizan y respaldan los fines inscritos en los documentos del partido.

Por su parte, las capacitaciones políticas permanentes recaen en los organismos especializados del Instituto de Capacitación Política Jesús Reyes Heroles, el Movimiento PRI.mx y la Fundación Colosio. Del primero, emanó el proyecto de la Escuela de Cuadros que hasta hoy lleva cinco generaciones y que, de la mano con el ONMPRI también, instauró la Escuela Nacional de Mujeres Priistas.

Para la postulación de candidaturas hay tres métodos de selección: elección directa, por convención de delegadas y delegados y por Comisión de Postulación de Candidaturas. Finalmente, candidaturas son aprobadas por la Comisión Política Permanente tras acreditar los criterios específicos que incluyen tener la nacionalidad mexicana, mostrar una conducta pública adecuada; demostrar no haber sido condenado por un delito del fuero común o federal, no haber ejercido violencia política por razón de género, así como presentar un programa de trabajo y acreditar el conocimiento de documentos básicos del partido.

Referencias

Hernández, R. (2016). Historia Mínima del PRI. El Colegio de México. 1ª ed. México.

Estatutos del PRI https://pri.org.mx/ElPartidoDeMexico/Documentos/Estatutos_2020.pdf

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